domingo, 1 de noviembre de 2026

¡Hoy celebramos la Solemnidad de Todos los Santos!


Cada 1 de noviembre la Iglesia Católica celebra la Solemnidad de Todos los Santos, de todos sin excepción: tanto los reconocidos oficialmente como los anónimos. Esta es la gran celebración de aquellos que comparten el triunfo y la gloria de Cristo para toda la eternidad, en virtud a haber cooperado con la Gracia del “Espíritu Santo que habita en nosotros” (2 Tim 1, 14), poniendo todo empeño en seguir de cerca al Maestro.

Por eso, la Iglesia se viste de blanco en este día, pues se ve confirmada como madre que convoca a sus hijos a la salvación; mientras que estos se ven fortalecidos por el ejemplo y la intercesión de quienes tomaron la delantera en el camino de la fe, la esperanza y la caridad.

Todos estamos llamados a la santidad

San Juan Pablo II, en la homilía de la misa dedicada a la Solemnidad de Todos los Santos, en noviembre de un ya lejano 1980, decía: “Hoy nosotros estamos inmersos con el espíritu entre esta muchedumbre innumerable de santos, de salvados, los cuales, a partir del justo Abel, hasta el que quizá está muriendo en este momento en alguna parte del mundo, nos rodean, nos animan y cantan todos juntos un poderoso himno de gloria”.

Y es que esta Solemnidad es un día propicio para compartir el júbilo por la obra salvífica de Dios a lo largo de los siglos. Obra que no se detiene jamás y que se renueva, a cada instante, en cada ser humano que responde amorosamente a la gracia de Dios, a su misericordia. Ser santo es vivir el llamado a la plenitud humana en el amor.

“Son demasiados”: orígenes de la celebración

La Solemnidad de Todos los Santos tiene sus orígenes en el siglo IV, cuando el número de mártires de la Iglesia llegó a ser tal que era imposible destinar cada día del año para recordar a cada uno de manera independiente. Entonces, la Iglesia optó por hacer una celebración conjunta para honrar a todos los que habían alcanzado el cielo, en un solo día, una vez al año.

Cuando el 13 de mayo de 610, el Papa Bonifacio IV (p. 608-615) dedicó el Panteón romano (donde antaño se daba culto a los dioses) al culto cristiano, consagró el “nuevo” templo a la Bienaventurada Madre de Dios (Santa María la Rotonda) y a todos los mártires. A partir de entonces, la celebración de Todos los Santos quedó fijada en esa fecha y así permanecería por muchos años, hasta que el Papa Gregorio IV (p. 827-844), en el siglo IX, trasladó la celebración al primer día del mes de noviembre. Es muy probable que la decisión del Papa Gregorio haya respondido al deseo de contrarrestar la fiesta pagana del “Samhain” o año nuevo celta, que se celebraba la noche del 31 de octubre.

Contrarrestando el espíritu comercial y pagano

Hoy, la Solemnidad de Todos los Santos compite, en distintos ámbitos de la cultura, contra la “noche de Brujas” (Halloween) y su espíritu comercial y profano. Por eso, es necesario que no perdamos de vista aquello a lo que estamos llamados como cristianos: a vivir la santidad y realizar todo bien que provenga de Dios.

En el año 2013, el Papa Francisco hizo una hermosa exhortación a la multitud que lo acompañaba en la celebración de esta Solemnidad: “Dios te dice: no tengas miedo de la santidad, no tengas miedo de apuntar alto, de dejarte amar y purificar por Dios, no tengas miedo de dejarte guiar por el Espíritu Santo. Dejémonos contagiar por la santidad de Dios”.

No olvidemos nunca que ¡estamos llamados a ser santos! Y que debemos recordar y agradecer la vida de tantos hombres y mujeres que lo dieron todo por amor a Jesús. Sus vidas no estuvieron exentas de dificultades, pero haber amado a Cristo honestamente, les valió la paz en medio de la dificultad o el dolor y la alegría en medio de la comunidad de hermanos que es la Iglesia.

“Todos los fieles, cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre” (Concilio Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen Gentium).

¡Feliz Solemnidad de Todos los Santos!

…

Si quieres saber más sobre esta celebración, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/D%C3%ADa_de_Todos_los_Santos.



Fuente: EWTN News en español
https://www.ewtnnews.com/es/mundo/cada-1-de-noviembre-se-celebra-la-solemnidad-de-todos-los-santos

El Papa destaca que “la santidad no es un privilegio para unos pocos, sino una vocación universal”


En el Ángelus que presidió durante la solemnidad de Todos los Santos, el Papa León XIV invitó a los fieles a contemplar el ejemplo de quienes han recorrido el camino de la santidad y recordó que esta llamada no está reservada a una élite, sino que alcanza a todos los bautizados.

“La santidad no es un privilegio para unos pocos, sino una vocación universal que nos interpela a cada uno de nosotros allí donde vivimos”, aseguró.

También destacó que la fiesta de Todos los Santos transmite un mensaje de esperanza, porque “Dios ve el bien que nosotros no vemos, conoce historias que nosotros no conocemos, llega a corazones a los que nosotros no tenemos acceso”.

En su reflexión, el Pontífice señaló que esta festividad invita a participar de la alegría de la “innumerable familia de hombres y mujeres” que, siguiendo a Jesucristo, hicieron de su existencia “un don a Dios y al prójimo” y que, por distintos caminos de santificación, anhelaron alcanzar “el océano del amor infinito”, evocando así una expresión de Benedicto XVI.

El Papa recordó en este día celebramos a todos los santos, a aquellos que la Iglesia “ha reconocido como tales”, pero también “a tantos que no lo han sido, pero que Dios conoce”.

A la luz del Evangelio de las Bienaventuranzas, describió a estos hombres y mujeres como personas “pobres de espíritu, pero ricas en el amor de Dios”; “mansas frente a la violencia”; “hambrientas de justicia”; dispuestas al perdón y a la misericordia; constructoras de paz y firmes en la fe incluso en medio de la persecución.

El Santo Padre subrayó que resulta imposible “contar” a esta multitud de hermanos y hermanas, no solo por su número, sino porque “la santidad, de hecho, no se puede reducir a ningún cálculo”.

Asimismo, invitó a preguntarse qué hicieron estas personas que con la gracia de Dios alcanzaron la santidad. La respuesta, dijo, se encuentra en “gestos y decisiones de amor” capaces de vencer “los cálculos de la codicia y la prepotencia del mal que a veces parece prevalecer”.

En este sentido, afirmó que “los santos y las santas son el signo más hermoso y más fuerte del Reino de Dios que viene” y recordó que, como enseña Jesús, ese Reino ya está presente entre nosotros.

“Dios ve el bien que nosotros no vemos, conoce historias que nosotros no conocemos, llega a corazones a los que nosotros no tenemos acceso”, concluyó.



Fuente: EWTN News en español
https://www.ewtnnews.com/es/vaticano/papa-santidad-vocacion-universal

sábado, 31 de octubre de 2026

Día de Muertos: El límite entre la tradición, la fe y la superstición


En México, el Día de Muertos reúne la conmemoración católica de los fieles difuntos, del 2 de noviembre, con costumbres populares que han evolucionado a lo largo de los siglos. Pero no todas las prácticas asociadas a esta celebración expresan necesariamente la fe cristiana.

¿Dónde está el límite entre una tradición que ayuda a recordar y orar por los seres queridos fallecidos y una práctica que puede conducir a la superstición?

Dos sacerdotes católicos mexicanos abordaron esta inquietud en diálogo con EWTN News Español.

La importancia de “una fe formada”

El P. Alberto Medel, exorcista y coordinador del Comité Teológico del Colegio de Exorcistas de la Arquidiócesis Primada de México, dijo que “hay que distinguir qué prácticas son resultado de una fe formada, de una fe evangelizada, y qué prácticas no”.

“Si una persona tiene una fe bien formada, y por lo tanto su práctica, su sentimiento religioso lo lleva a una piedad cristiana, el uso de todas estas tradiciones populares van a entenderse desde esa lógica”, precisó, mientras que “cuando no hay una auténtica formación en la fe, cuando la formación es pobre, cuando la práctica de la fe es pobre, el resultado es un sentimiento religioso genuino, pero vago, informal, mal formado, deformado, que lleva entonces a pensamientos mágicos”.

“La tradición del Día de Muertos, al menos la tradición mexicana, nace dentro de la piedad cristiana”, destacó. “Es la fe cristiana la que le da sentido a la ofrenda”, subrayó.

“Un cristiano bien formado sabe que vuelve el difunto en el recuerdo, vuelve el difunto en el cariño, vuelve el difunto en la comunión de la fe, no que vuelva realmente el alma”, aseguró.

“Lo virtuoso no está en la tradición misma, sino en aquello que me motiva a seguirla”, resaltó, pues “si lo que me motiva a seguirlo es una auténtica fe, se convierte en un elemento que me hace crecer en la esperanza en la vida eterna. Si no estoy bien formado en la fe y mi fe es más bien pobre y, por lo tanto, sincretista, la práctica se pervierte y se convierte en otra cosa”.

Por eso, aseguró, “el mejor remedio” frente a las supersticiones “siempre será la catequización, la evangelización a través de nuestra madre, la Iglesia, que nos advierte de estos peligros”.

Iluminando la tradición “con la fe cristiana”

El P. Hugo Valdemar, canónigo de la Catedral Metropolitana de Ciudad de México, explicó por su parte que “la Iglesia puede valorar las costumbres que ayudan a recordar a los difuntos y a expresar el cariño por ellos. Pero ese recuerdo debe iluminarse con la fe cristiana: creemos en la resurrección, en la comunión de los santos y en la esperanza de la vida eterna”.

“Cuando se incorporan prácticas que buscan manipular fuerzas ocultas o establecer contacto con los muertos, ya no estamos ante una expresión de la fe católica”, subrayó.

“Una de las principales confusiones es mezclar la fe católica con prácticas esotéricas o supersticiosas y presentar esa mezcla como si fuera una tradición ancestral”, dijo, alertando que “algunas expresiones que hoy se atribuyen al pasado prehispánico son, en realidad, recientes o carecen de un fundamento histórico sólido”.

El P. Valdemar destacó que “la Solemnidad de Todos los Santos, el 1 de noviembre, y la conmemoración de los fieles difuntos, el día 2, están estrechamente relacionadas, aunque son celebraciones distintas. En conjunto, nos ayudan a contemplar la comunión de los santos: la Iglesia que peregrina en la tierra, los santos que ya gozan de Dios y los difuntos por quienes ofrecemos nuestras oraciones”.

Destacó además que “no toda práctica que se coloca en un altar se vuelve, por eso mismo, cristiana ni queda justificada como tradición. Los amuletos y los rituales esotéricos expresan una confianza en fuerzas ocultas o en objetos a los que se atribuye un poder especial. Eso contradice la confianza que el cristiano pone en Dios”.

Criterios sencillos para discernir

Para distinguir entre lo cristiano y lo supersticioso, el P. Medel señaló que una costumbre orientada “hacia lo positivo, hacia la vida, hacia la salvación, hacia el gozo de la fe, hacia el recuerdo cariñoso de quienes ya no están y quienes deseamos volver a abrazar y que abrazaremos en la resurrección del último día” puede ayudarnos a acercarnos a Dios, mientras que “toda tradición, toda costumbre, toda práctica que nos mueva al terror, al dolor, al sufrimiento, al miedo, a pensar en lo negativo de la muerte” conduce a “prácticas que van en contra de la fe”.

En esa misma dirección, el P. Valdemar señaló que “un criterio sencillo es preguntarse: ¿esta práctica me lleva a confiar en Dios y a orar por mis difuntos, o me hace buscar poder y protección en fuerzas, objetos o rituales ajenos a la fe cristiana?”.

“Pero la responsabilidad principal es formar al pueblo de Dios”, subrayó.

“La catequesis de los niños y la formación de los adultos son también oportunidades para enseñar qué celebra la Iglesia y por qué reza por los difuntos”, aseguró.



Fuente: EWTN News en español
https://www.ewtnnews.com/es/mundo/america/dia-muertos-tradicion-fe-supersticion

“El amor de Cristo nos envía”: el lema de León XIV para la Jornada Mundial de las Misiones 2027


El Papa León XIV eligió “El amor de Cristo nos envía” (cf. 2 Co 5,14) como tema de la 101° Jornada Mundial de las Misiones, que se celebrará el domingo 24 de octubre de 2027.

El anuncio fue realizado por el Dicasterio para la Evangelización, a través de la Sección para la Primera Evangelización y las Nuevas Iglesias Particulares, en un comunicado difundido por la Santa Sede este 31 de octubre.

El lema, según explica el documento, remite al corazón mismo de la misión de la Iglesia: “el amor de Cristo, acogido y vivido, se convierte en impulso para anunciar el Evangelio y acercarse a cada hermano y hermana”.

El texto también recupera una reflexión del Pontífice incluida en su mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones de 2026: “Si la unidad es la condición de la misión, el amor es su esencia”.

A partir de esta idea, el Dicasterio explica que la misión de la Iglesia “nace del amor de Dios revelado en Jesucristo, se alimenta del encuentro con Él y se traduce en un testimonio concreto de fraternidad, cercanía y servicio”.

El comunicado subraya que ese amor no puede quedarse en una experiencia individual.

“El amor de Cristo no nos deja indiferentes: nos impulsa a salir de nosotros mismos, a encontrarnos con los demás y, sobre todo, a acercarnos a quienes están solos, son pobres o están heridos”, indica.

El mensaje del Papa se publicará en 2027

Como parte de la preparación de esta jornada, el Vaticano informó que el mensaje de León XIV será difundido durante los primeros meses de 2027. Este documento orientará “la reflexión, la animación y la formación misionera de las comunidades cristianas”.

El Dicasterio también destacó la labor de las cuatro Obras Misionales Pontificias: Propagación de la Fe, Infancia Misionera, San Pedro Apóstol y Unión Misionera.

Estas instituciones cumplen un papel importante en la formación de la conciencia misionera de los bautizados. Según el comunicado, su servicio busca alimentar “la conciencia y la responsabilidad misionera de los bautizados, desde los más pequeños hasta los adultos”.

Asimismo, promueven “una red universal de oración, formación y caridad en apoyo de la evangelización y de las Iglesias jóvenes”.

El documento recuerda que estas cuatro Obras, cada una desde su propia misión y trabajando conjuntamente, contribuyen a “promover el espíritu misionero en el Pueblo de Dios y a apoyar a las nuevas Iglesias particulares”, de acuerdo con la constitución apostólica Praedicate Evangelium (n. 67, §1).

La Jornada Mundial de las Misiones se celebrará el 24 de octubre de 2027.



Fuente: EWTN News en español
https://www.ewtnnews.com/es/vaticano/leon-xiv-jornada-mundial-misiones

Hoy celebramos a San Quintín de Vermand, patrono de los capellanes y cerrajeros


Cada 31 de octubre la Iglesia Católica recuerda a San Quintín, mártir, nacido en la antigua Roma, aunque no hay certeza ni sobre el año ni el lugar exacto donde nació. Sí la hay sobre el año de su muerte: 287 d.C.

“Quintinus” o Quintín fue el hijo de un senador romano que se convirtió al cristianismo. La tradición sugiere que fue bautizado por el Papa San Marcelino (p. 296-304) y que acompañó a San Luciano de Beauvais (s. III) en su predicación por la Galia (región romana que comprendía la actual Francia y parte de Bélgica).

Convocado a dar testimonio de Cristo

Por siglos se ha sostenido que San Quintín realizó curaciones milagrosas y tenía la potestad de expulsar demonios. Por su testimonio de amor a Cristo suscitó la conversión de muchos paganos, aunque despertó también las sospechas y la mala fe de las autoridades civiles del imperio.

Fue acusado de profesar el cristianismo y conducido a la fuerza ante el gobernador-prefecto Ricciovaro (Rictiovarus). Este le reprochó haberse puesto de lado de aquellos que proclamaban la fe en un crucificado, algo que el ciudadano común consideraba deshonroso, propio de delincuentes y cobardes. Quintín le contestó a Ricciovaro que hacerlo constituía para él el más elevado honor, incluso más grande que ser el hijo de un senador.

¡Ay de mí si no evangelizo! (1Cor 9, 16)

Ricciovaro consideró las declaraciones de Quintín como una afrenta a su investidura y lo mandó encadenar y azotar. Luego dispuso que el joven debía ser conducido rumbo a Reims para ser juzgado. Después de ser flagelado, el joven cristiano fue llevado a un calabozo, de donde escaparía milagrosamente aprovechando la oscuridad de la noche.

Libre de nuevo, Quintín retomó la predicación. Lamentablemente fue descubierto de nuevo, y apresado por segunda vez. Se le trasladó a “Augusta Veromanduorum” (hoy la ciudad francesa de Saint-Quentin, en Vermand, renombrada en honor al ilustre santo). Allí permaneció en una mazmorra esperando su ejecución.

San Quintín fue decapitado y sus restos arrojados al río Somme, de cuyas aguas serían rescatados por un grupo de cristianos, se dice, encabezados por Eusebia, una anciana poseedora de cierta riqueza. Corría el año 287.

Hoy sus reliquias permanecen en la basílica de la ciudad que lleva su nombre.

En la cultura popular: “La de San Quintín”

Curiosamente, el nombre de San Quintín evoca hasta hoy muchas cosas. No obstante hay un episodio histórico que lo ha hecho célebre en el habla popular.

A mediados del siglo XVI, las coronas francesa y española se enfrentaron en San Quintín (Saint-Quentin), la localidad que lleva el nombre del santo, ubicada en la región de Picardía, condado de Vermand (Francia). La victoria la obtuvieron los españoles, pero fue tal la violencia y crudeza de la batalla que el nombre del santo fue inmortalizado a través de una frase alusiva al sangriento episodio: “¡Aquí se armó la de San Quintín!”.

San Quintín es el patrono de los capellanes y cerrajeros.



Fuente: EWTN News en español
https://www.ewtnnews.com/es/mundo/cada-31-de-octubre-se-celebra-a-san-quintin-martir

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